viernes, 24 de septiembre de 2010

Algunas cartas. Nº 2

TRABAJO PRÁCTICO Nº……
 A mis queridos alumnos:  
Hoy he llegado hasta aquí, casi sin pensarlo. Casi no me he dado cuenta que han pasado tantos años trabajando sin parar , estando ocupada permanentemente en actividades relacionadas con la educación, con la escuela, con el instituto. Hace treinta y tres años, casi sin querer, empecé a trabajar en la docencia, en la vieja ENET nº 1, cuando era nacional. Me gustó. Me gustó estar en contacto con alumnos de toda edad, muy jóvenes, jóvenes, adultos y muy adultos. Eran épocas difíciles. Las horas eran pagadas muy tarde cuando empezabas, (recién en octubre o noviembre cobrabas las horas de creación de marzo) y la paga no era muy buena. En cambio, era muy importante el contacto con los alumnos, que cada año cambiaban y te producían nuevos desafíos. Era bueno el tener que estar siempre estudiando la manera de que ellos pudieran aprender cada vez mejor, a la vez que se formaban en actitudes de responsabilidad, trabajo y cooperación, de las cuales creo que se comienza por dar testimonio.
Nunca me aburrí. Siempre fue muy entretenido aprender nuevas cosas, tratar de estar al día. Y el arte me atrapó con su seducción misteriosa y sus mensajes nunca del todo claros, cuando empecé a trabajar en el viejo Centro Polivalente de Arte, que dependía de la Nación, también, al igual que la ENET. Después, dejé la escuela técnica y seguí con el arte, también en la escuela de “artes Femeninas” (¡Qué nombre! –¿no?)

Todavía me encontraba entre la docencia y la arquitectura. Todavía habían voces que estimaban el acto de enseñar como de segundo orden. Y entonces decidí que en realidad, educar es más importante que nada. Y me dediqué por completo a la docencia, aunque con algunos aportes en lo profesional, sobre todo lo dedicado a lo educativo.

Fue un placer haber tenido la oportunidad de luchar, desde la educación, en el marco de la transferencia educativa de la Nación a las Provincias, por preservar una escuela de arte única por sus características, por ofrecer casi todos los lenguajes artísticos. Fue un placer el día que dejamos muda a la Directora General de Escuelas, (con Aída Arévalo) cuando leímos una carta manifestando nuestros sentimientos acerca de los cambios, O mucho más atrás, cuando era director Atencio, y nos convocó a las Jornadas de Historia de Arte, cuando todavía Ana Riba era alumna del Polivalente, y en las que le rompí el libro de historia del arte, carísimo, que generosamente me prestó Zulma para pasar por el anticuado episcopio. O cuando con Graciela Marócolo, Ana Sueta, Zulma Serro, y otras, organizamos, en 1992 el Congreso de Arte y Educación, al que asistieron gente de todas partes, con un éxito enorme de asistencia y calidad. Fue un placer luchar para no perder las horas del “Proyecto 13” del polivalente, y no rendirnos hasta que nos crearon con ellas, la Escuelita Artística 5-017.
Fue un placer mantener firme las creencias en que el hacer arte es indispensable, y discutir en todos lados estos principios en el marco de los cambios que generó la puesta en marcha de la nunca apreciada Ley Federal de Educación.
Fue un placer entrar al Instituto en 1986, cuando existía una sola carrera, Bellas Artes, funcionando en la calle Gutierrez, edificio del Polivalente, con la dirección como rector de Oscar Atencio, y encontrarme mis alumnos del polivalente otra vez, con alguna de las cuales, Ana, María del Carmen, Chiquita, Rosita, Daniela, Elena, vengo recorriendo un largo camino.

No fue un placer que intervinieran al Instituto, ni lo fue tampoco tratar de remontar la baja calificación que tenía en la provincia, cuando con Silvia nos hicimos cargo en el 2003. Pero con trabajo, mucho trabajo, con la colaboración de muchos que también apuestan al trabajo firme y responsable, lo sacamos adelante,, crecimos, instalamos, con gran esfuerzo, las aulas sede en Malargüe, General Alvear y Eugenio Bustos,  y hoy es lo que ustedes conocen, con este excelente proyecto que convinimos realizar con nuestra escuela hermana, el CPA. Esto último, nuestra nueva reputación, nuestro reconocimiento en la comunidad, nuestro nuevo edificio, nuestro excelente equipamiento, nuestra producciones , también son un placer.

Pero el placer mayor lo constituye, para mí, aquel alumno que viene desprovisto de tantas cosas, y se va con exceso de equipaje de conocimiento, artístico,  docente y ético. Esto es para mí el mejor de los placeres que me ha deparado mi trabajo como docente. Cuando a un alumno los ojitos le brillan porque ha entendido un texto difícil, o dado un buen examen o ha hecho un trabajo excelente, es un sublime placer. Cuando a la alumna que ha tenido un recorrido anterior, y después de criar sus hijos, mantener su familia, viene a cumplir un anhelo, y lo hace con tanta voluntad y esfuerzo, es un placer acompañarlas.

De algún modo, fueron muchos los años. De algún modo parece que pasaron muy rápido. Reconozco que a veces no me he sentido bien, que a veces no he hecho las cosas como hubieran sido mejor, pero creo, y esto es importante, haber ido siempre a trabajar contenta. Creo que el trabajo me salvó de muchas cosas, que siempre pude dejar fuera del aula, y así disfrutar del acto de enseñar, que también es un acto de aprender de tantos alumnos fascinantes que he tenido, reflexivos unos, tan talentosos otros, tan delicados, tan impulsivos, tan rebeldes, tan modestos, tan presumidos a veces, pero siempre tan impulsados a mejorar, a aprender, a reconocer otras formas de ver las cosas.
A todos les he tomado afecto, y me llevo de ellos sus experiencias, sus palabras y sus gestos. A todos no les he caído bien, pero a todos les dejo:
·        mi credo en el trabajo persistente,
·        el no rendirse nunca,
·        el luchar por las propias ideas,
·        el creer que nadie puede hacer las cosas mejor que todos juntos,
·        el confiar en la democracia, la participación, la racionalidad, el conocimiento, la belleza, la verdad con sus múltiples aspectos, las diferentes miradas sobre las cosas, la reflexión constante, el análisis de las situaciones, el no juzgar antes de comprender…
·        el creer que con trabajo, honestidad y decencia, la verdad siempre encuentra su camino.
·        el creer que la vida es cambio continuo, que no debe, que no puede congelarse, y que un docente debe ser sensible constantemente para poder adaptarse a muchas situaciones diferentes.
·        en la compasión puesta de manifiesto antes de juzgar a otras personas.
·        el poder realizar la discriminación de los aspectos complejos de las situaciones.
·        el valor de la la sensatez.
·         la creatividad puesta en la producción, en la clase, en la resolución de problemas de toda índole.
·         la auto crítica constante,  la vuelta reflexiva sobre sí mismo.
·         el valor del arte, de la educación y del conocimiento
·          la alegría y el amor como base del trabajo docente.

Si de algo no me di cuenta o no pude hacer, pido disculpas. Y Siempre los tendré en mi corazón, que se sigue alegrando cuando los ve, después de mucho tiempo, ejerciendo el digno trabajo de ser Docentes.
Con afecto, Cristina Vispo.
Nov. 2009.

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1 comentario:

  1. En un día difícil, a punto de rendirme, te leo y aviso, ok, voy a seguir; ya lo sé, en general (sin gerundios!) es complicado, pero veo gracias a vos que luchaste, que valió la pena. Gracias, aunque no sepas porqué.
    Gaby

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